NacionalPoliticaCON LA MISMA PIEDRA.

Juan Carlos Sarmiento2 semanas hace16 min
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Angulo de Opinión.- Francisco Ugarteche Domínguez. A los menores de 40 años les cuento que Juan Velasco Alvarado intentó implantar una economía planificada desde el Estado, va como en los países comunistas, cuando en el mundo se había impuesto el modelo alemán, el de la economía social de mercado, que encarga orientar el desarrollo a través de mecanismos que permitan a los agentes económicos actuar con libertad, al tiempo que protege a los consumidores y la competencia mediante entes reguladores. En los años 70 la economía peruana se estaba pareciendo mucho a la chilena de los tiempos de Allende, escasez de productos esenciales y cada vez menos divisas para importar petróleo, por lo que se impuso el racionamiento con calcomanías en los parabrisas para distinguir días autorizados a circular.

La especulación y el acaparamiento eran palabras que significaban graves delitos que la incompetencia gubernamental usó de pretexto para explicar la escasez de alimentos, generalmente importados, debido a que hasta hoy somos incapaces de producir lo que consumimos a diario, como trigo con el que hacemos el pan y los fideos, carne, leche y soya de la que se extrae el aceite; maíz duro para alimentar los pollos, arroz, azúcar y hasta pescado.

El 27 de julio de 1974 el gobierno creó ENCI, encargada de vender la leche en polvo de Nueva Zelanda, que comenzó a reemplazar la caída en la producción de leche fresca evaporada. Arrancó con mil millones de soles, aportados íntegramente por el Estado. Con el tiempo, conseguir unos cuantos sobres de leche en polvo se convirtió en difícil desafío para los padres de familia. Las tiendas de abarrotes condicionaban su venta a otros productos, únicamente a sus clientes conocidos. La dictadura de Velasco anidó la más grave crisis económica de la historia.

La especulación y el acaparamiento existen y deben ser castigados mediante organismos reguladores obligados a cumplir el rol para el que fueron creados, en defensa de los consumidores. No vaya a ser  que con nuevas leyes regresemos a los fatales tiempos de la dictadura y el remedio resulte peor que la enfermedad. Los seres humanos somos los únicos capaces de tropezar dos veces con la misma piedra.

 

 

 

 

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